La gestión del talento en las organizaciones o cómo invertir bien la inteligencia

Dice el profesor y filósofo José Antonio Marina1 que el talento: “es la inteligencia que elige bien las metas, maneja la información, gestiona las emociones y pone en práctica las virtudes de la acción necesarias para alcanzarlas, ampliar su capacidad de acción y conseguir una mejora continua. Es un concepto valorativo. Una acción y no una capacidad. Es el acto de invertir bien la inteligencia”.

 

Evidentemente, todos queremos invertir bien nuestra inteligencia en la vida cotidiana, por lo que el talento individual es un bien muy preciado en la sociedad en la que vivimos. Además, sabiendo que no se trata de una capacidad, sino de una acción, que puede ser entrenada a través un adecuado proceso de formación continua, tenemos la necesidad y la obligación de convertirnos en personas con talento.

 

Pero ¿Qué pasa cuando trasladamos el concepto de talento al ámbito profesional? Se ha hablado mucho y extensamente sobre la gestión del talento en las organizaciones, especialmente centrado en la capacidad de las organizaciones para atraer talento entre los jóvenes que se incorporan al mercado laboral.

 

Empresas de todos los sectores se asoman cada año a eventos multitudinarios en forma de foros o congresos dónde acuden los recién graduados para intentar captar la atención de los que buscan su primer empleo. Es una práctica muy responsable y desde luego demuestra un compromiso con la sociedad del futuro y con los jóvenes que tantas dificultades tienen para acceder al mercado laboral.

 

En cambio, cuando hablamos de empresas, organizaciones e instituciones, independientemente de su tamaño, nos olvidamos de la gestión del talento interno, es decir, aquel que ya está dentro de la organización.  Como hemos señalado al principio, el talento se puede entrenar, es decir, no de trata de una capacidad o recurso determinado y finito, que se tiene o no se tiene. Se trata de poner a trabajar a la inteligencia. Los nuevos descubrimientos neurocientíficos nos hablan de la inteligencia ejecutiva, es decir, no pensamos para conocer, sino que pensamos para actuar.

 

Por tanto, si conseguimos que todos los individuos que integran una organización sean capaces de orientar sus ideas y su creatividad hacia la toma de decisiones y hacia la acción, conseguiremos organizaciones más inteligentes y por extensión más competitivas.

 

El entorno actual de alta competitividad exige una constante adaptación y desarrollo de las personas que trabajan en una organización, siendo la formación uno de los pilares de la sostenibilidad de las empresas. La formación, favorece la atracción y retención del personal y fomenta la Creación de Valor Compartido: el trabajador se desarrolla profesionalmente contribuyendo a que la empresa pueda alcanzar más eficazmente sus objetivos de negocio.

 

En resumen, el desarrollo profesional es clave en las organizaciones para la retención del talento. Para ello se utilizan una serie de herramientas como mapas de talento, guías de progreso, sistemas de evaluación 360º y programas de mentoring y coaching orientados a un trato personalizado de los empleados que estimulan su carrera profesional y por tanto la inteligencia colectiva de las organizaciones en las que se integran.

 

Patricia Cuevas

Experta en Formación y Gestión del Talento


1 Marina, Jose Antonio (2016) Objetivo: Generar talento. Como poner en acción la inteligencia. Conecta. Barcelona.

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